Enviado por Jonathan Gil Muñoz (Periodista ambiental.  Director de ElGuadarramista.com)

La iniciativa del Camino de San Frutos nos recuerda la importancia y el valor de los caminos rurales segovianos

 No hay nada como la paz del caminante al llegar a ansiado destino. Una experiencia que se refrenda cuando el peregrino enfila las viejas piedras de la Ermita de San Frutos tras arrancar sus pasos casi ochenta kilómetros antes, en Segovia, siguiendo la ruta que marca el Camino de San Frutos. En estos días primaverales de mayo, cuando el tiempo se comporta, la panorámica desde la ermita del patrón segoviano es la mejor de las recompensas al esfuerzo que se ha ido derrochando por los andurriales que, atravesando 17 municipios, nos han conducido hasta allí. Pero no ha sido precisamente un itinerario yermo el que hemos completado. Durante la caminata hemos tenido ocasión de contemplar la transición entre los múltiples hábitats que forman el rico mosaico de la biodiversidad segoviana.

 Los encinares y fresnedas se han ido alternando con los anchos paisajes de cultivo hasta llegar a las hoces del Duratón. Al atravesar pausadamente estos espacios hemos tenido la oportunidad de descubrir algunos de sus moradores, como los buitres leonados, las chovas piquirrojas, el rabilargo, los zorzales incluso al amenazado de muerte alimoche. Esa cadencia del paso del hombre, como hasta no hace tantos siglos se recorrían los caminos segovianos, nos ha permitido contemplar el paisaje de otra forma. Los colores del entorno se nos representan más vívidos y los rumores de su fauna más nítidos. Y es que el andar silenciosamente a través de la Naturaleza crea en el organismo humano una suerte de comunión asceta que difícilmente se olvida. Quizás sea un vago recuerdo de los orígenes de nuestra especie, cuando estábamos mucho más apegados a nuestro entorno.

 Arte y por supuesto Naturaleza. No se descubre nada cuando se menciona la riqueza natural de nuestra provincia y los cambios tan drásticos que se suceden en pocos kilómetros, pasando del piedemonte serrano, con algunas cumbres aún coronadas de nieve, a los páramos, hoces y cantiles del corazón segoviano. No obstante ahí está el Camino de San Frutos, que nos ofrece contemplar estas bellas trasformaciones del paisaje, ya sea a pie en bici o a caballo, tampoco nos pongamos puntillosos. Sin olvidar de su fauna, que se adapta a esos hábitats bien diferentes, como no podía ser de otra manera, Aunque no los veamos a todos, tarea casi imposible, ahí, entre las piedras desnudas, en las dehesas, hoces y ríos se esconden, unos más que otros, 8 especies de peces, 12 de anfibios, 14 de reptiles, 47 de mamíferos y 200 de aves reproductoras. Al peregrino le podrá parecer mentira, pero ahí están.

 Y entre las estampas bucólicas 17 pueblos segovianos con una riqueza patrimonial sobresaliente. Como colofón las iglesias románicas que quedan diseminadas por el Camino de San Frutos. Construcciones milenarias que mantienen la sintonía con el entorno, sin alterar su geometría natural. ¿Y cómo obviar la bella estampa de pueblos como Pedraza? Fortín imperecedero erigido sobre una muela, a cuyos pies se encuentra el Centro del Águila Imperial, que nos sirvió, precisamente, como excusa hace ya meses para dar inicio a este rincón “verde”. Pero hay 16 pueblos más, cuyas callejas mantienen el ritmo de la vida rural, ya de otro tiempo, muy a nuestro pesar. Ese aroma a leña, que brota los días destemplados de las chimeneas ennegrecidas, es el perfume de los pueblos segovianos, mientras que el gusto lo pone una larga ristra de productos elaborados con esmero, de forma artesanal.

 Un dédalo de caminos. El Camino de San Frutos en realidad no termina en la ermita del santo, ni mucho menos. En realidad continua, se bifurca y entrecruza hasta perderse su pista en esa maraña kilométrica de caminos vecinales y vías pecuarias que aún perviven en pleno siglo XXI. Antes eran las autopistas y autovías de segovianos, viajeros y trashumantes, hoy retazos del pasado que en muchos casos son engullidos por carreteras y urbanizaciones, una presa fácil cuando no se reconoce su importancia. Pero con el de San Frutos algo de ese valor perdido se vuelve a recuperar, poniendo sobre la mesa un ejemplo a seguir y fácil de poner en marcha, de bajo coste vaya, por aquello de la omnipresente crisis.

Tagged with →  
Share →

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>