El Camino de San Frutos no es monótono. Por su variedad, resulta sumamente entretenido. A lo largo de las cuatro etapas en las que se dividieron sus casi 80 kilómetros, las huellas de dos centenares de peregrinos han quedado marcadas en los más variopintos parajes. Los caminantes han ascendido pequeños montes, bajado hasta el fondo de valles, cruzado ríos, atravesado tierras de cultivos y páramos. Incluso han serpenteado por el fondo de profundas hoces. Pero si todo ello se pudiera resumir en una etapa, sería en lacuarta, entre Villar de Sobrepeña y la ermita de San Frutos. La diversidad de la provincia de Segovia mostró en una solo día todo su esplendor.

La jornada fue rica, en todos los sentidos. Comenzó con un frío intenso. A las 10,00 horas, el termómetro registraba en Villar de Sobrepeña. La noche había dejado la primera helada del otoño.

Los peregrinos salieron por el camino situado junto a la asociación “El Progreso” y, tras pasar por el depósito del agua, comenzaron a descender, hacia el río Duratón. No hubo peregrino que no se sintiera cautivado por el fondo de las Hoces del Duratón, como le pasó, hace ya muchas décadas, al marqués de Lozoya, cuando escribió que, “de entre todos los paisajes segovianos, yo amo sobre todo esos vallejos que excavan en la caliza los arroyuelos serranos, y que están cargados de historia y aún de prehistoria, singularmente el del Duratón, desde la cueva de los Siete Altares hasta Sepúlveda”.

Aunque el ritmo de la caminata fue alto, de vez en cuando los andariegos paraban para contemplar las paredes verticales, intentando descubrir dónde permanecían posados los buitres leonados, todavía poco activos a esa hora de la mañana.

Un paso más adelante, el moderno puente de Villaseca, donde se estableció el avituallamiento de la etapa. Y, renglón seguido, la mayor dificultad de la jornada, la subida de Peñaduero, entre enebros, por la carretera que lleva a Villaseca.

El último tramo también tenía su encanto. Al llegar a la “Cruz de la Carretada”, la ermita de San Frutos ya se atisbaba.  La ermita se abarrotó de público durante la misa que, oficiada por el sacerdote José María López, servía de colofón a la peregrinación. Acabado el acto religioso, tocaba disfrutar un rato más del entorno.

Ya solo quedaba regresar a Villaseca, a degustar un rico (y merecido) “arroz de San Frutos”. “Al año que viene volveremos a hacer la ruta, seguro”, decía, una y otra vez, Juan Ángel Martín, de Cantimpalos. San Frutos ya tiene su Camino.

Esto es un extracto del reportaje publicado en El Adelantado sobre la cuarta y última etapa de la inauguración del Camino de San Frutos, que puedes leer en la edición digital del decano de la prensa en Segovia.

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